Sí. Lo sé. El título de este puñado de letras es un verso de una canción de mi adorado Joaquín Sabina. Pero hoy en día, lo más fácil y lo menos provechoso es la queja. Sé, no soy idiota, que estamos atravesando por unos malos momentos económicos gracias a políticos corruptos que han hecho buenos a Judas y a San Pedro, negando una y mil veces la evidencia. Pero no caen del burro. No los sacan de la “poltrona” ni con agua caliente. Después están los banqueros, con sus cuentas engordadas a costa de engañar al pobre ciudadano al que le falta sueldo para llegar a final de mes.

Sé que el paro es un cáncer que de momento no tiene cura, ni se espera que se encuentre. Pero hay que sacar fuerzas de flaqueza. Bastantes reveses nos ha dado la vida como para quejarnos, maldecir y arrojar la toalla. En tiempos de crisis hay que reinventarse. Buscar y rebuscar. Comenzar el día como si fuera el último que vas a disfrutar. No hay que perder la esperanza. Si allá en el cielo hay un Dios, y perdón por la duda, estoy seguro que está dispuesto a echar una mano. Pero hay que moverse. No hay que rendirse. Es mejor no darse por vencido a ver como se llena tu lápida de flores.

Por todo esto, y aunque parezca una quimera, hay que sentirse feliz. Feliz porque hay muchos que están, desafortunadamente, peor que nosotros. Y hay que estar feliz porque no esperamos nada de nadie y tengo bien claro que esperar siempre duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución. Está claro que lo único que no tiene cura es la muerte. La vida es corta, por eso hay que aprovecharla, amarla, vivirla… Hay que ser feliz y sonreír siempre a pesar de las circunstancias.

Como decía Shakespeare, “vive intensamente y recuerda: Antes de hablar escucha; antes de escribir piensa; antes de criticar examínate; antes de herir siente; antes de orar perdona; antes de odiar ama; antes de gastar gana; antes de rendirte intenta; y sobre todo, antes de morir vive”.

Hay días en los que mi buhardilla se me cae encima. Pero pienso en mi pasado y veo que cuento con el apoyo de los que en su momento dudaron de mí. No quiero que vuelva a suceder. No deseo pasar por ese mal trago. No quiero que la decadencia regrese.

Cuando estés mal, siempre, siempre, habrá alguien cerca que pueda levantarte el ánimo. Desde aquí yo lo intento y veo que da resultado. No por eso soy más rico, ni las facturas se pagan solas, ni puedo permitirme el lujo de irme de vacaciones. Pero vivo, estoy vivo. Y lo que es más importante, lo estaré por mucho tiempo, le pese a quien le pese. Lucha. Nunca te des por vencido. Al fin y al cabo no sirve de nada.

Tan joven y tan viejo: like a Rolling Stones. ¡Salud!