Te escribo esta carta porque si te lo digo hablando me dirás que no te ralle la cabeza… Quiero decirte que los 16 años no son una meta, pero sí es un punto de partida hacia un largo camino, así que… ¡Prepara calzado para caminar!

Vive tu vida con responsabilidad, diviértete y exprime cada día como si fuera el último, pero sin hacerle daño a nadie. Trata siempre a los demás como te gustaría que te tratasen a ti.

Tienes muchísimas virtudes que debes explotar y un carácter fuerte para conseguir todo lo que te propongas. Sólo tienes que esforzarte y prepararte para poder dominar el mundo y no que el mundo te domine a ti. Busca que es lo que te apasiona y ves a por ello, “no hay nada imposible".

Tú crees que lo sabes todo, pero tendrás que tropezar, caerte y levantarte miles de veces, pero no te preocupes porque, y a pesar de la distancia, ahí estaré siempre para ayudarte. No soy un padre perfecto, lo sé, pero intento hacerlo lo mejor que sé y no puedo evitar preocuparme y decirte todo lo que yo creo que es mejor para ti.

A veces reconozco que tendría que escucharte más, preguntarte y respetar tus decisiones, pero si creo que te equivocas tengo que hacer lo posible para que no lo hagas. Creo que me ves más como a un amigo que como a un padre, pero creo que en eso la culpa es únicamente mía.

Haz caso a tu madre, porque ella sí ha sabido inculcarle unos valores, y le estoy profundamente agradecido. Te pido disculpas por las veces que te he levantado la voz, pero es que quiero lo mejor para ti, no te imaginas cuánto te quiero.

¡Quiero que seas feliz! Eso es lo único que me importa.

Por último decirte que siempre estaré a tu lado, en lo bueno y en lo malo, a tu lado o desde la distancia. ¡Tú eres lo mejor que he hecho en mi vida!

¡Muchísimas felicidades, mi amor!