Llevo meses en bambas, he dejado los tacones a un lado porque me he cansado de los dolores de pies y de las rozaduras. Me he cansado de la perfección efímera de la apariencia, que a veces no está de más, pero a mí ya me estaba empezando a venir de menos. Me he alejado de las limitaciones que suponía andar a diez centímetros del suelo deseando encontrar un lugar donde descansar.

Y he descansado. Y me he lanzado a los tejidos suaves, a las sudaderas anchas, a la ropa deportiva y a lo cómodo. Llevaba mucho tiempo buscando la comodidad. La comodidad de vivir. Y, perdonadme la ausencia, pero he estado viviendo.

Llevo meses jugando con los placeres del confort, plasmando mi esencia a través de la presencia de una forma más relajada esta vez. De forma relajada he conectado con cada país y cada ciudad. Y, aunque iba en bambas he caído y me he vuelto a levantar. Me he reído por todo y he llorado por algunas cosas.

Llevo meses pensando en que volveré a ponerme los tacones y a ir a diez centímetros por encima de la realidad. Volveré a encontrarme con mis pares de siempre. No estará mal, también los echo de menos.

Sin embargo, me quedo con que lo bueno de haber conocido la comodidad de ser feliz es que habiendo tenido principio, nunca tendrá final. Así que he estado viviendo, pero voy a seguir haciéndolo.