Debemos aceptar la decepción finita, pero nunca perder la infinita esperanza.Martin Luther King (1929-1968)

Queremos recuperar nuestro contacto mediante breves artículos que puedan transmitir mensajes que nos permitan adaptarnos tanto a lo vivido en este último tiempo, como en el venidero. Hoy nos centraremos en una reflexión para todos nosotros como profesionales sanitarios.

En todo momento y en todas las épocas de la historia de la humanidad, se vivieron momentos de desesperación, de dolor, muerte, injusticias, desastres… y siempre tras estas crisis surgieron las figuras de personas que nunca perdieron la esperanza el deseo de seguir luchando por ayudar a los demás, por lograr nuevas metas y alcanzar nuevos horizontes.

¿Cómo nosotros, profesionales sanitarios, vamos a seguir trasladando este mensaje en el día a día? ¿Cómo yo, un pequeño grano en todo el planeta, voy a aportar algo de mí en este objetivo común?

La receta es menos complicada de lo que tú puedes pensar. Vamos a ello; comienza por hacer bien las pequeñas cosas de tu día a día. Esas cosas que nacen de cuidarte, como lo son los hábitos saludables, el hacer la cama, desayunar bien, tener organizado y planificado el día. Y ponte guapo/a, que puedas transmitir una gran imagen de ti.

No dejes de ofrecer lo mejor de ti cuando inicia el día. Gregorio Marañón decía “La vida es nueva cada día”. Trabaja tus errores y aprende de ellos, pero no sin reflexión interior. Se honesto contigo mismo. Podrás engañar a otros, pero nunca a ti mismo

Respeta a los demás. Piensa que la otra persona siempre tiene un mínimo de un 1% de razón en lo que te plantea. Déjate los narcisismos y los codazos en todas las áreas de tu vida. La sencillez es una gran virtud. Todo el mundo es capaz de aportar nuevas ideas y grandes mensajes.

Busca apoyo en el momento en que dudas en seguir o resignarte y no luchar. No siempre estarás dónde pensaste. No abandones ante la crítica. Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotiva, nos lo recuerda; “Debo gustar y ser aceptado por todo el mundo”. No podrá ser así, tendremos que ser capaces de integrar esas situaciones sin perder la esperanza. Y aquí debemos de recapacitar sobre nuestro trabajo en equipo. Todos debemos remar si queremos que la embarcación llegue a destino.

No mientas nunca, no manipules. Es desde la honestidad, contigo y con los demás, donde nace la relación humana más potente. Se valiente. Conocí hace muchos años en el pueblo de mi tío, allí en León, a una persona especial, ya jubilada, que siempre te ofrecía su casa y nos decía “Escucha...no te acobardes”. Mensaje desde la experiencia de la vida.

Y por último, en estos momentos, y ante la necesidad de crear un presente fortalecido, mirando hacia atrás en estos meses, con la tristeza infinita y compartida tanto con pacientes como con propios amigos y familiares, y la mirada puesta en seguir reconstruyendo un mejor futuro, no dejes de esforzarte en todas los proyectos de tu vida. No solamente en el laboral, sino también en el proyecto de pareja, de padres o hijos, de hermanos, social, el de tus amistades, en tus proyectos en tiempo libre, en tus proyectos personales…

Hoy terminaremos con un poema, que invita a la reflexión y esperanza. Gracias.

De tanto amor mi vida se tiñó de violeta

y fui de rumbo en rumbo como las aves ciegas

hasta llegar a tu ventana, amiga mía: tú sentiste un rumor de corazón quebrado y allí de las tinieblas me levanté a tu pecho,

sin ser y sin saber fui a la torre de trigo, surgí para vivir entre tus manos,

me levanté del mar a tu alegría…

Pablo Neruda. Cien sonetos de amor. Soneto LXIV.