La Comisión Europea conmemora y celebra el Día Europeo de la Igualdad Salarial para concienciar y sensibilizar sobre las diferencias salariales que existen entre mujeres y hombres a nivel europeo, así como promover la adopción de las medidas necesarias para acabar con estas diferencias.

Desde el año 2011, y a iniciativa de la Comisión Europea, se viene celebrando el Día Europeo de la Igualdad Salarial con el objetivo de concienciar y sensibilizar a la opinión pública sobre la persistencia de la brecha salarial de género, poniendo de manifiesto que, en promedio, las mujeres europeas tienen que trabajar mucho más tiempo para ganar lo mismo que los hombres. La fecha de conmemoración de cada año varía en función de los últimos datos disponibles de Eurostat sobre el promedio de la brecha salarial de género en la Unión Europea. Así, el primer Día Europeo de la Igualdad Salarial se celebró el 5 de marzo de 2011, el segundo, el 2 de marzo de 2012, mientras que en 2013 y 2014 se ha celebrado el 28 de febrero, lo que, por un lado, revela que en los últimos años se ha producido una ligera reducción de la brecha salarial de género, pero por otro, evidencia que, aún a día de hoy, las mujeres deben trabajar 59 días adicionales para percibir las mismas retribuciones que los hombres.

En España se conmemora el Día por la Igualdad Salarial el 22 de febrero, tal y como se aprobó en el año 2010. El objetivo fundamental es concienciar sobre la necesidad urgente de reducir o eliminar la brecha en las retribuciones de mujeres y hombres en España, de forma similar a lo que hacen en la mayor parte de la Unión Europea. La discriminación retributiva incide, es causa y a la vez consecuencia de otras discriminaciones de las que son objeto las mujeres.

¿Qué es exactamente la brecha salarial?

La brecha salarial entre hombres y mujeres se expresa como porcentaje de los ingresos de los hombres y representa la diferencia entre la remuneración media bruta por hora de los empleados de sexo masculino y los de sexo femenino en todos los sectores de la economía de la UE. Las últimas cifras ponen de manifiesto que la media de la Unión Europea en 2012 era del 16,4 %, lo que refleja su estancamiento tras la tendencia ligeramente descendente registrada en años recientes con respecto a los porcentajes del 17 % o más de periodos anteriores. De hecho, se observa una constante tendencia a la baja en Dinamarca, la República Checa, Austria, los Países Bajos y Chipre, mientras que en otros países (Polonia, Lituania), esa tendencia a la baja se invirtió en 2012. En algunos países como Hungría, Portugal, Estonia, Bulgaria, Irlanda y España, la brecha salarial entre hombres y mujeres se ha agrandado en los últimos años. La paulatina reducción de la brecha salarial obedece a diversos factores, como el aumento de la proporción de trabajadoras con un nivel de educación superior o el mayor impacto de la recesión económica en algunos sectores con predominio masculino, como la construcción o las obras públicas. El cambio no se debe únicamente, por lo tanto, a la mejora de las condiciones salariales y laborales de las mujeres. Pero en España la situación actual, a diferencia de la mayoría de la mayor parte de los países europeos, ha ido a peor. Los datos revelados por un informe elaborado por la Unión General de Trabajadores, son realmente preocupantes.

La brecha salarial en España en la actualidad

Según un informe elaborado por UGT la brecha salarial actual en España se sitúa en el 24%, la más alta de los últimos seis años.

Datos a tener en cuenta:

1. Mientras la mayor parte de los países de la Unión Europea reducen su brecha salarial entre mujeres y hombres, en España permanece estancada.

2. España se sitúa en un 24 % de brecha salarial, la más alta de los últimos seis años.

3. El 67,15% de los casi dos millones de población asalariada que perciben como máximo al mes 645,3 euros brutos mensuales, son mujeres.

4. La jornada a tiempo completo reduce la brecha salarial al 14,60 % y garantiza retribuciones más dignas a las mujeres

5. Las mujeres con un contrato de duración indefinida soportan una brecha del 25,66%.

6. Todos los sectores de actividad están afectados por brechas salariales, las más perjudicadas las mujeres en sectores feminizados con salarios muy bajos.

7. Las trabajadoras no cualificadas, están penalizadas por una brecha salarial del 30 % y las trabajadoras cualificadas de la salud y la enseñanza perciben un 14,79 % menos que sus compañeros hombres.

8. Solo cuatro de las diecisiete Comunidades Autónomas, tienen brechas inferiores a la media nacional, Canarias, Baleares, Madrid y Galicia.

9. La brecha salarial que se establece en el momento de la inserción laboral se perpetúa y acrecienta a medida que se analizan tramos de mayor edad.

10. Las mujeres españolas duplican la pérdida de poder adquisitivo en relación a los hombres.

11. Si se dotara de valor económico del empleo del tiempo en las responsabilidades familiares y domésticas aumentaría la brecha salarial.

Los bajos salarios que perciben las mujeres unido a la falta del reparto de las tareas del hogar y de los cuidados, da como resultado unas fuertes diferencias en relación a los hombres en ambos casos, su trabajo tanto el asalariado como el desempeñado en el ámbito del hogar y de la familia, da como resultado un importante número de días al año trabajados y no retribuidos. Teniendo en cuenta los distintos cómputos estadísticos, a nivel europeo y nacional, nos proporciona un calendario de brecha salarial, en el que se indica a partir de qué jornada del año anterior las mujeres trabajan gratis, o hasta que fecha del año siguiente deberían trabajar para recibir los mismos salarios que los hombres reciben en un año.

En definitiva, la conciliación y la corresponsabilidad son factores fundamentales a la hora de asegurar la reducción de la brecha salarial, la independencia económica de las mujeres y su acceso a puestos de toma de decisiones. De este modo, el objetivo fundamental y el reto a conseguir es concienciar sobre el tema y llevar a cabo las medidas oportunas. Es necesario y urgente acabar con los estereotipos tradicionales, por ejemplo con respecto a la maternidad y el cuidado del hogar, un hecho que sigue estando vigente e incide en la desigualdad hacia las mujeres.