Los vecinos se volcarán para que disfruten de este acto con los cinco sentidos: la vista puesto que la cercanía con los festeros permite recrearse en los detalles de trajes y bordados; el olfato con el aroma de las alhábegas que presiden sus balcones; el oído con la música que en estas calles estrechas suena como en ningún otro sitio; el gusto con las pastas con que los vecinos agasajan a quienes les visitan; y el tacto… porque cuando la virgen pasea por el Rabal está tan próxima al público que casi se puede tocar el manto.

Una vez más los vecinos pondrán sillas de forma gratuita en la plaza de Biar, decorarán la calle con alhábegas, sacaran los botijos para que festeros, músicos y espectadores no pasen sed y...como no, invitarán a degustar las pastas y la mistela típicas de nuestras fiestas.

Por último, recomendamos que nadie se pierda  el emotivo momento en que nuestra patrona se para ante la ermita de San José mientras repica su campana. Todo esto, sumado al ambiente que se crea entre vecinos y visitantes, hace de este lugar un escenario incomparable para disfrutar del acto más solemne de nuestras fiestas de moros y cristianos.

Los que ya han disfrutado de la procesión en el Rabal en años anteriores no se la perderán este año, los que lo hagan por primera vez descubrirán un lugar inigualable para seguir viéndola a partir de ahora.