Esta semana, nuestra sección 'Ke Interesante' recupera el misterio y el terror. Hablamos de una nana. Una simple nana. Pero no es una nana cualquiera. Conoceréis esta historia que os va a sorprender. Fue espeluznante. Desde algún lugar de las afueras, siempre de noche y sin previo aviso, una voz infantil comenzaba a entonar una vieja e inquietante canción de cuna. La tonada llegaba transportada por el aire hasta numerosas viviendas de la ciudad inglesa de Ipswich, cuyos habitantes han vivido aterrorizados durante un año.

'It's raining, it pouring' desveló por primera vez a los vecinos en septiembre de 2017. La nana cuenta la historia de un anciano que se golpeó la cabeza antes de ir a dormir y no pudo despertarse al día siguiente. La melodía es agradable, pero la letra no es precisamente el colmo del optimismo y, sobre todo, depende de cómo y dónde se cante. "Está lloviendo. Está lloviendo. El viejo está roncando. Se golpeó la cabeza y se fue a la cama. Y no pudo levantarse por la mañana", dice la letra, que ha servido de banda sonora tanto en programas infantiles como en escenas de terror. La versión que sonaba en esta ocasión era de las siniestras.

Si solo hubiera ocurrido una noche no habría pasado de ser una anécdota, pero días más tarde la canción volvió a sonar. Y así durante meses. A veces la nana invadía las calles y se adentraba en los hogares solo una vez, entre las dos y las cuatro de la madrugada, pero otras se repetía hasta el amanecer. Nadie sabía de dónde llegaba ni por qué.

Aquella extraña voz infantil que hablaba de la muerte de un viejo pobló de pesadillas las noches de los habitantes de Ipswich, que se preguntaban a quién iban destinados los versos. "Me despertaba por la noche, era absolutamente aterrador. Parecía un niño muy pequeño, la gente decía que era como una película de Freddy Krueger", recordó más tarde Alice Randle, la mujer que acudió a las autoridades locales para pedir ayuda.

Tuvo que insistir. Era la primera vez que los miembros del Consejo Municipal de Ipswich, habituado a lidiar por las noches con denuncias por gritos, música alta o peleas a la salida de los pubs, escuchaban una queja semejante. Al principio les resultó difícil de creer la historia de una vieja canción de cuna que parecía llegar de ninguna parte y que no dejaba dormir a los vecinos, pero tras hablar con ellos comprobaron que su miedo era real.

Los primeros pasos para averiguar de dónde procedía la nana no hicieron más que incrementar el pánico en Ipswich. Cada vez que recibían el aviso de que la canción estaba sonando de nuevo, varias patrullas policiales comenzaban a rastrear las calles de la ciudad para seguir las huellas de la música. Pero cuando parecían acercarse a la fuente del sonido la nana dejaba de sonar. Era como si alguien, o algo, les estuviera vigilando.

Fue una llamada de Alice Randle la que permitió resolver el misterio. El pasado día 10 la mujer avisó de que el niño había empezado a cantar y quince minutos después la Policía logró encontrar el lugar de procedencia de la música. Surgía de los altavoces de un almacén situado en un polígono industrial en las afueras de la ciudad.

Según aclaró poco después el dueño del edificio, la nana no era sino el sonido de la alarma que había instalado para ahuyentar a los ladrones. En lugar de una vulgar sirena se le había ocurrido utilizar una versión oscura de la canción como medida disuasoria. El sistema, que se activaba con sensores de movimiento, estaba diseñado en principio para ser escuchado únicamente en el polígono, pero alguien había elevado demasiado el volumen al regularlo.

Una vez localizado el origen quedaba por averiguar la causa. Desechada por absurda la tesis de que durante un año hordas de ladrones hubieran intentado asaltar el almacén con una tenacidad fuera de lo común, fue necesario descender al detalle. Los técnicos examinaron los sensores de movimiento para tratar de hallar algún defecto y lo que encontraron fue que estaban repletos de telarañas con sus correspondientes habitantes. Cada vez que a una araña le daba por pasearse delante de un sensor se activaba la alarma y el fantasma del niño emprendía su aterrador viaje hacia la ciudad.

Un alto porcentaje de falsas alertas antirrobo está provocado por el movimiento de arañas o insectos, pero eso no ocurre siempre. Una pregunta que quedará en el aire es si alguna de aquellas noches en Ipswich la alarma se activó por la presencia de verdaderos ladrones. En caso afirmativo, se desconoce qué fue de ellos y en qué estado anímico quedaron cuando acabaron de correr. Lo único que se sabe es que en el almacén no ha habido ningún robo desde que el niño comenzó a cantar.