Más de 100 años y sigue siendo un misterio. Hablamos del hundimiento del Titanic. A finales de 2016 salió a la luz el testimonio de la nieta de un tripulante que sobrevivió al hundimiento del buque, y que reveló lo que sería la única verdad de lo sucedido. ¡O no!

La historia relata que el señor J. Bruce Ismay, presidente de la compañía dueña del lujoso y gigantesco trasatlántico, pretendió conseguir los titulares evidenciando la velocidad del Titanic, al tratar de llegar a su destino un día antes de lo previsto.

Para lograrlo, exigió al capitán Edward Smith que navegara a toda marcha, a lo que el oficial accedió aún sabiendo que podían encontrarse con icebergs en la ruta. Cuando divisaron la enorme masa de hielo fue imposible virar para esquivarla y evitar la colisión, debido a la velocidad que llevaba y el enorme tamaño de la embarcación.

Ese momento se convirtió en el principio del fin para el espectacular buque. No obstante, este relato trillado que todos asumen como cierto, podría no serlo.

Lo que habría ocurrido realmente aquella tranquila noche del 14 de abril de 1912, hace tan solo algunos años fue revelado por la propia nieta de uno de los pocos integrantes de la tripulación que sobrevivió a la tragedia: el segundo oficial, Charles Lightoller.

Según lo dicho por Lightoller, una vez se avistó el iceberg, el primer oficial William Murdoch ordenó de inmediato al timonero del Titanic girar todo a estribor. Sin embargo, éste, perturbado y nervioso con la moderna tecnología del transatlántico británico, hizo lo opuesto a la instrucción ordenada.

Un simple pero significativo error humano, que cobró la vida de 1.513 personas. De acuerdo a la declaración de la nieta de Lightoller, el motivo por la cual no fue revelada antes la verdad, fue el código de honor que existe entre los marineros, que ocultaron lo sucedido para evitar la humillación de su camarada.

Nueva teoría

Según investigaciones del periodista e investigador del Titanic por más de tres décadas, Senan Molony, el fallo humano para su hundimiento es un hecho, pero no de la misma forma que el mundo creyó durante años: lejos de la teoría del iceberg, Molony está convencido de que la desgracia del trasatlántico se debió a un incendio en el casco del buque, que debilitó la estructura del navío hasta llevarlo al derrotero que todos conocen.

El investigador afirma que el fuego se debió a un descuido en el cuarto de combustible, detrás de una de las salas de calderas que alimentaban la energía del Titanic. A pesar de que el incendio nunca creció lo suficiente como para causar pánico y tomar el control de la nave, se trató de un fuego que consumió el casco durante más de tres semanas, tiempo suficiente para hacer de la estructura metálica endeble ante cualquier obstáculo.

La teoría de Maloney se apoya en un grupo de fotografías tomadas en Belfast, Irlanda del Norte, el puerto que sirvió de astillero al navío, donde se construyó pieza tras pieza y donde afirma, se inició el incendio que inhabilitó al casco de la nave para aguantar el impacto posterior del iceberg. Las imágenes muestran una mancha oscura a través del casco que nunca más volvería a ser vista hasta el hundimiento e ignorada por todo el personal y los pasajeros que viajaron hacia Nueva York en aquel abril de 1912.

A finales de dicho mes y año, tanto Inglaterra como Estados Unidos formaron comisiones de investigación para llegar al meollo del asunto. A pesar de que ambos grupos entrevistaron durante días a los pasajeros y tripulación sobreviviente, ninguna de sus hipótesis condujo hacia la teoría de Maloney, principalmente por la imposibilidad de analizar los restos del navío hundido en el frío del Atlántico Norte.

El papel de la White Star Line aún es cuestionable, pues se cree que la compañía entonces líder de transporte trasatlántico, ejerció presión para cerrar las pesquisas oficialmente a favor del accidente humano.