En alguno de nuestros viajes hacia Alicante, a más de uno nos habrá llamado la atención una gran casona abandonada pegada a la autovía A-31, entre las localidades de Sax y Villena. Esta casona, conocida como la Casa de los Giles, guarda una pequeña historia.

La mansión la mandó construir el matrimonio formado por José Gil Blanco y Francisca López Bravo-Alonso en el año 1903. Hasta los años treinta, la familia pasó en ella largas temporadas junto a varios de sus descendientes hasta que el estallido de la Guerra Civil la obligó a convertirse en un hospital para enfermos infecciosos.

La casona estaba construida con planta cuadrada, elevándose tres alturas desde el nivel del suelo, con cubierta mansarda, debido a la influencia parisina, sostenida por pino americano, así como un abuhardillamiento en la segunda altura, dándole un aspecto burgués poco conocido en la arquitectura popular de la zona.

La mansión se encontraba en la cabecera de una gran finca formada por más de 100 hectáreas de olivares y viñedos. A mediados del siglo XX la extensa heredad entra en decadencia, provocando el progresivo abandono de la Casa de los Giles, hasta encontrarse en el estado ruinoso de la época actual.

Una mañana de camino hacia Alicante, vi como la Casa de los Giles se encontraba en obras y lista para ser restaurada. La suerte de esta antigua casona viene unida a la construcción de una nueva estación de servicio en la autovía, condicionada a la rehabilitación de la mansión por parte de la empresa adjudicataria.

Sin embargo, la Casa de los Giles es tan solo la punta del iceberg de lo que nos espera en esta visita, ya que adentrándonos unos metros nos encontramos con la impresionante Colonia de Santa Eulalia, una joya del modernismo donde se pueden observar edificios de singular belleza.

Santa Eulalia

La Colonia Santa Eulalia es una pedanía compartida entre Villena y Sax. Los primeros datos que sitúan a la colonia en este lugar se remontan a la Reconquista cristiana, ya que en sus campos se libró la batalla entre las tropas de Berenguer de Entenza y las Ordas sarracenas. Tras la victoria cristiana, se alzó en su honor una ermita.

La colonia como la conocemos hoy en día data de finales del siglo XIX, promovida por Antonio de Padua y Saavedra, Conde de Alcudia y Gestalgar, construida bajo amparo de la “Ley de colonias” de 3 de 1868, que buscaba corregir los desequilibrios territoriales, demográficos y económicos, fomentando la explotación y recuperación de las zonas más empobrecidas. El Conde, influenciado por el socialismo utópico, se asoció a Mariano Roncali para fundar una colonia de corte industrial según el modelo de otras existentes en Cataluña.

El 1 de julio de 1887, fue declarada Colonia Agrícola de Primera Clase, constituyéndose de esta forma, sociedades agrícolas e industriales, en donde se cultivaba y recolectaba para después transformar la cosecha en diversos productos, como por ejemplo vino. El éxito de esta colonia, radica en su excelente situación geográfica que ayudaba a dar salida comercial a los productos, tanto por la proximidad de la carretera como por la línea de ferrocarril Madrid-Almansa-Alicante.

La finca

La finca contaba con una extensión de 138 hectáreas, plantadas de vides, olivos, almendros y arroz. El cultivo de la viña fue muy prospero, sobre todo después de la destrucción de los viñedos franceses por la filoxera, convirtiéndose en una gran apuesta por la sociedad agrícola de la colonia.

La idea del Conde fue fundar una ciudad exnovo donde se conjurara el trabajo y el ocio. Se construyeron muros para el sostén de las tierras, nuevos caminos y carreteras, calles y plazas donde se edificaron las casas de los obreros. Además, se levantaron fábricas de harinas y alcohol, bodegas, carpinterías, tonelerías, lagares y almazaras, administración de correos y telégrafos, tiendas y hospederías. De esta ciudad exnovocabe destacar el carácter autosuficiente de su planificación.

Pero esto no es todo, asimismo, se edificó una mansión señorial, un teatro, donde actuaron los divos más importantes de la zarzuela de la época, un cine, una ermita, amplias zonas verdes con fuentes y un jardín con grupos escultóricos donde se hallaba un estanque con cierto toque romántico, junto a un imponente palacio con doce habitaciones, salón, despacho y biblioteca.

La Colonia había sido fundada por una aristocracia terrateniente, próxima a la burguesía liberal, aglutinando elementos de apego a la posesión y explotación de la tierra como símbolo de un estatus social elevado, así como con una concepción del trabajo en el campo y la industria como elementos reformadores, rentables y educadores para la formación de los obreros de la colonia. Santa Eulalia fue un gran polo de atracción económica para toda la comarca del medio Vinalopó e incluso para nuestra ciudad, ya que aún recuerdo cuando mi abuelo me contaba que su padre viajaba en su carro desde Almansa hasta la colonia para traer productos elaborados.

Periodo de crisis hacia 1925

Desgraciadamente, la colonia entró en un periodo de crisis hacia 1925, agravada con la Guerra Civil, provocando el cierre de las fábricas y obligando a sus vecinos a emigrar a otras poblaciones.

El estado actual de muchos de los edificios es ruinoso e incluso algunos han desaparecido, como por ejemplo, la antigua estación de ferrocarril. Es una lástima que se pierda una gran joya del Modernismo decimonónico, por lo que si no actuamos rápido y se crea un consorcio de recuperación terminará por desaparecer una de las pocas colonias agrícolas que quedan en todo el país.

Un pequeño rayo de esperanza surge gracias a las últimas noticias sobre el Patronato Cultural Valenciano que busca su adscripción como Bien de Interés Cultural, en el que gozará de protección legal para su pronta rehabilitación, sumándose de esta forma a la nueva vida de la Casa de los Giles.

Bibliografía:

Vázquez Hernández, V.: “La Colonia de Santa Eulalia, una joya arquitectónica por descubrir”. Revista ECOECO

VV.AA.: Gran Enciclopedia Temática de la Comunidad Valenciana. Geografía. Editorial Prensa Valenciana. 2009.

Fotografía:

Martínez Lorenzo, Juan Miguel (aérea)