En la pequeña localidad de Aguilar de Segarra hay apenas una decena de casas. No hay comercios y las calles están vacías.

Hay menos de 300 vecinos empadronados, 250 según el padrón de 2012, y, aunque parezca sorprendente, unos 60.000 coches.

Concretamente, cada vecino toca a 228 coches. La razón es el precio del impuesto sobre los vehículos: cuesta entre 10 y 15 euros anuales.

Es diez veces más barato que ciudades como Barcelona.

Normal que hasta diez empresas de renting hayan convertido esta pequeña localidad de Barcelona en su particular paraíso fiscal.

Y de forma completamente legal.

Han abierto oficinas en Aguilar de Segarra y, según la ley, cada ayuntamiento es libre de fijar sus tarifas dentro de los márgenes que establece Hacienda.