Estas semanas, hemos visto a miles de jóvenes manifestarse exigiendo acuerdos políticos, que miren hacia el futuro y protejan el planeta.

También hemos visto a políticos, empresarios y a muchos adultos en general que han criticado a una marea verde de jóvenes que hemos salido a defender, algo que nos pertenece, nuestro futuro. Nos preguntamos si no tenemos derecho a preocuparnos por el planeta que nos dejan nuestros mayores. ¿Acaso deberíamos permanecer indiferentes cuando vemos día tras día como se vulneran acuerdos internacionales, o es que hasta que no tengamos 18 años no somos ciudadanos de pleno derecho y por lo tanto debemos resignarnos a ser meros espectadores de un problema que nos incumbe a todos?

Los jóvenes hemos dado un paso al frente, porque estamos cansados de escuchar por la televisión, la prensa o las redes sociales, como cada día se producen grandes incendios forestales, como desaparecen especies y como la temperatura del planeta sube a un ritmo descontrolado, pero lo más preocupante de esto, es como la mayoría de la clase política solo da discursos vacíos ante un problema tan trascendental.

Ya que no tenemos derecho al voto, utilizaremos las plazas como altavoces para llevar nuestro lema a todos los rincones del país: si no luchamos en el presente, no habrá futuro. Estamos enfadados, porque cuando se juega con el planeta, se juega con nuestros sueños, nuestro futuro, nuestro hogar. Por eso debemos cuidarlo, por los que están y los que vendrán. El planeta es de todos y todos debemos conservarlo.

Los jóvenes hoy salimos a las calles y plazas de nuestras ciudades con nuestros compañeros, vecinos, familiares y amigos, para manifestarnos por la importancia de respetar la naturaleza, de buscar el equilibrio entre el progreso y el planeta. En definitiva, planteamos que el ser humano debe cuidar los ecosistemas porque forma parte de ellos.

En conclusión, considero que soplan vientos de esperanza de una juventud que empuja y se abre camino por la lucha de un futuro mejor. Esta es mi opinión, la opinión de un joven de 16 años que tiene la necesidad de contar la realidad desde su mirada