No, no me gustan los arcos para las fiestas de este año. Pero todavía me gusta menos ver los contenedores para la recogida de basuras repletos y con bolsas alrededor. No me gustan los arcos, porque me parecen “viejunos”, no me gustan, porque en ellos, aparecen dos figuras masculinas, obviando que, en nuestras fiestas también participan mujeres.

No me gustan los arcos, pero todavía me gusta menos que se haya armado un guirigay en las redes sociales con las opiniones de personas que, amparándose en el anonimato de unas siglas o apodo, aprovechan la mínima ocasión para atacar el lenguaje inclusivo intentando ridiculizarlo: cambiando a mansalva todas las palabras; bien al género masculino, bien al femenino, según les conviene.

No, no me gustan los arcos para las fiestas de este año. Y hay muchas otras cosas que tampoco me gustan, pero dejaré la enumeración para otro día. Aunque una cosa quiero dejar clara: quien carece de argumentos sólidos para rebatir algo, se dedica a descalificar e intenta atacar, aunque sea mordiendo sin dientes. Pero en fin: “Ladran, luego cabalgamos”.