El destacado director de orquesta húngaro Iván Fischer ha presentado unas mascarillas contra el coronavirus con dos manos de plástico que se adosan a las orejas y que mejora la experiencia musical en un concierto.

La cultura ha demostrado ser una de las actividades más seguras para estar en el espacio público.Los cines, los teatros, las salas de conciertos, los museos y los espacios de arte, han llevado a cabo medidas ejemplares de seguridad, mayores aún, si cabe, que en otros ámbitos, debido ala especial vigilancia que se ha tenido con espectáculos y establecimientos culturales desde que han podido abrir sus puertas.

Sigue comentando Fischer que al poner las manos ahuecadas detrás de los oídos la música suena “más calida y fuerte”.y que por eso se ha inventado esta mascarilla. Fischer es un decidido propagador del uso de las mascarillas y en un video llama la atención a que los espectadores solo podrán acudir a los conciertos de la orquesta que dirige, Budapest Festival Orchesta sin síntomas, después de desinfectarse las manos al entrar en el edificio y con el uso adecuado de las mascarillas durante todo el recital.

“Los espectadores de música en directo, que son gente muy inteligente, saben muy bien que las mascarillas que se usan debajo de la nariz no sirven para absolutamente nada”, llama la atención, con un tinte de humor, a una de las costumbres erróneas más generales al uso de las mascarillas.

La cultura es segura, hay que recordarlo una y otra vez, y no deja de resultar paradójico que tengamos que defender bajo ese adjetivo a una experiencia como la artística que, precisamente, tiene la facultad de deshacer certezas, transitar lo inestable, y abrazar lo arriesgado. La cultura debería ser -en términos poéticos- de todo menos segura, pero probablemente cuando no existe mucho espacio para la metáfora o para lo no inmediato, haya que ser explícitos y literales: la cultura es totalmente segura y, más que nunca, necesaria.

El futuro está en las orejas de soplillo y en quitarse la venda ante el miedo, porque como dijo Mozart: ”hay que convertir la necesidad en virtud.”