Veo con preocupación el desgobierno de uno de los departamentos más importantes de nuestro ayuntamiento, que está poniendo en jaque el futuro de la ciudad.

La incidencia que puede tener en nuestro futuro como población la desastrosa gestión que se desarrolla en urbanismo en la actualidad, es de sobra conocida en lo que hasta hace poco muchos podíamos pensar que eran rumores sin fundamento.

Que una gran empresa de telefonía con renombre a nivel nacional se traslade de Villena a Elda por discrepancias con el ayuntamiento puede ser un rumor o puede ser cierto.

Que pequeños proyectos de empresarios de locales que también son susceptibles de generar empleo se ven frustrados por las trabas que pone algún técnico, que en vez de ayudar al ciudadano parece entrenado para derribar su idea, eso sí puedo verificar que es rigurosamente cierto.

La imagen con sabor a vinagre del señor de la ventanilla, parecía que cada vez más pertenecía a la dictadura, a un blanco y negro anterior al La, la, la.

Lo que traía consigo la democracia era que el señor "vinagre", iba a ser supervisado por unos políticos que salían de las urnas y que en sus intereses estaban la vigilancia de que el ciudadano tuviera un trato justo y honorable en su relación con la administración.

El resultado es que ha habido una consolidación de la posición del político que se adhiere a una maraña de electos-elegidos-cargos de confianza, que es el resultado de integrarse en las listas electorales, en el que elegir la opción de trabajar es una alternativa que se asume de manera voluntaria, pues en esta posición se puede vivir simplemente pasando desapercibido, y como vamos a explicar sin asumir riesgos.

Luego está la posición del funcionario, en la que optan también por ser valiosos para la sociedad o una molestia que asumimos pagar con nuestros impuestos.

A veces el segundo secuestra la voluntad de trabajo al primero, y en su afán de pasar desapercibido este lo deja transcurrir y termina por convertirse en una sombra, por cierto, también puede pasar al contrario.

Otras veces, volviendo al secuestro, podemos vivir síndromes de Estocolmo dignos de estudio para los psiquiatras más afamados, en los que el elegido ampara al opositor en un espalda contra espalda.

Ahora ya no sé porque me he enredado tanto, cuando lo que a mi me ha preocupado es enterarme que una empresa como Equelite deja entrever que podría seguir su crecimiento lejos de Villena.

Esta academia es una más, pero es un goteo constante.

Y pienso. Con un ayuntamiento que da tantas facilidades a las empresas, con políticos tan implicados y compenetrados con sus técnicos.

¡¡¡No es posible!!!!