El pasado domingo nos dejaba Molina el 'Fotógrafo'. El próximo día 15 hubiera cumplido 96 años. Me enteré tarde y no he podido acompañarlo en su último viaje. Me hubiera gustado. Era un personaje entrañable y muy querido. Les voy a dejar como recuerdo unas notas biográficas de Francisco Molina Pérez (1922) del que, desde 1946, muy pocos detalles, personas, eventos y rincones de Caudete han escapado al objetivo de su cámara.

Hablar de Molina es recorrer la historia fotográfica de Caudete y una profesión que empezó siendo en el siglo XIX revolucionaria y novedosa. Una fotografía, que hoy es una cosa corriente para todos gracias al teléfono móvil, hace tan solo unas décadas era un verdadero artículo de lujo. No exagero si digo que todos los caudetanos hemos pasado por el objetivo de Molina.

A los 18 años, Molina, como muchos caudetanos, apenas si sabía leer y escribir. Trabajaba en el campo ayudando a su familia. Iba con el carro a los Mercados de Yecla, Almansa y Villena a vender productos agrícolas, como patatas, tomates… Fue el médico de Yecla que ejercía en Caudete, Rafael Yago, quien le dijo que en la fotografía veía futuro y un negocio que podría ser rentable. Dio en el centro de la diana.
Ripoll, empresa fotográfica ubicada en Yecla, puso por aquellos entonces un despacho en la Plaza del Carmen y Molina empieza con esta empresa repartiendo fotografías además de trabajar con los "Hermanos García" quienes en Alicante tenían un laboratorio. Estos repartieron una docena de cámaras por los pueblos de los alrededores y una de ellas cayó en sus manos. Realizaba las fotografías en Caudete y las mandaba al laboratorio de Alicante y, tras venderlas, se repartían las ganancias.
24 sucursales
A partir de 1946, Molina monta su propio negocio llegando a tener 24 sucursales en lugares tan diversos como Dénia, Mallorca, Játiva, Alcira, Almansa, Jumilla Alcaraz.... Uno de los fotógrafos que trabajó para nuestro paisano se hizo rico y famoso. Me refiero a José Rubio que se convertiría con el tiempo en el fotógrafo oficial de Manuel Benítez “El Cordobés”.

Aunque su especialidad eran las bodas, también ha fotografiado a muchos personajes como Antonio Machín, Carmen Sevilla, Chicuelo II…Otra faceta fue la de reportero gráfico en la revista "Semana". Me contaba como se desplazaba en bicicleta para hacer fotos de Carnet de Identidad por toda la provincia y del reportaje que hizo en La Roda “a una falla”.
“Me resulta imposible calcular las fotos que habré hecho”, me comentaba. En el año cuarenta y seis, una fotografía costaba cinco pesetas y una postal cuatro …..¡en blanco y negro!. El color empezó a utilizarse a partir de 1950 y no se hacían muchas ¡porque eran muy caras!: “había muy poca gente que pudiera pagar 60 pesetas por una foto en color”. A partir de 1970 la fotografía se hace más popular. Se abarata y se hace más asequible al bolsillo de nuestros padres.

También recuerda cuando para hacer una foto de interior utilizaba magnesio porque el flash llegó a partir de 1950. Hasta entonces, tenían que hacer la foto entre dos personas: una con la cámara y otra para provocar el fogonazo producido con un gramo de magnesio.
Él mismo se hacía los artilugios con tubos de madera, hasta que más tarde llegaron de Barcelona unos aparatos revolucionarios que llevaban una especie de disparador simplificando el proceso. Una cámara Kodak costaba 24 pesetas cuando Molina empezó como fotógrafo. En Barcelona se saca el carnet de conducir y allí es donde compraba el material del laboratorio como una ampliadora de 35 mm y otra de placas.
Las hermanas “Berenguer” ya tenían un estudio de fotografía en la calle José Olivares cuando Molina se inicia en la fotografía. Un hermano de ellas era el fotógrafo de la empresa pero el morir en la Guerra serán sus hermanas las que continuaran con el negocio hasta 1970.

Pueden observar más abajo el carnet de la Revista gráfica "Semana" de la que fue corresponsal al mismo tiempo que compaginaba esta actividad con su negocio. También pueden ver el de la "Asociación Provincial de Fotógrafos Profesionales de Albacete" y el de Identidad tal y como se expendía después de la Guerra. Molina es un claro ejemplo de adaptación a las circunstancias. Me enseño una foto donde con 17 años aparece agarrado al arado detrás de una mula labrando un bancal.
Del papel a lo digital
Cuando le volví a insistir para que me diera una cantidad de fotos que ha realizado me respondió “muchas”. Si esta profesión empezó siendo revolucionaria y novedosa, poco a poco se ha ido popularizando hasta las actuales cámaras digitales que nos permiten tener, con poco dinero, el equivalente al laboratorio que tenía Molina en la calle Mayor, hace 60 años.

Una parte de los datos para completar este artículo los he obtenido de un trabajo que realizó Silvia Molina Marco hace unos años sobre su abuelo. Cuenta que "en 1955 lo tuvieron que operar de una muela infectada que le dañaba el ojo izquierdo y que por ello estuvo hospitalizado un mes en Madrid. En aquella época daba mucho miedo operarse ya que no sabías si ibas a salir vivo del quirófano. Tuvo que enfrentarse a la operación porque se quedaba sin visión".
Molina supo aprovechar el consejo de Rafael Yago y pasar a convertirse, por méritos propios, en el fotógrafo oficial de su pueblo. Repito que muy pocos habremos escapado a su objetivo. Su hijo Pepe y sus dos nietos han heredado la afición a la fotografía y han continuado el negocio con bastante éxito -"Molina fotógrafos"- que un buen día inició su padre huyendo de una actividad que no daba para comer: la agricultura.
¡Descanse en paz!