Tenía que escribirlo. Conforme empiezo a teclear las primeras palabras, se me va pasando el malhumor. Es difícil abandonar un proyecto propio, salido de tus mejores intenciones, al que has entregado todos tus mimos y tu mejor saber hacer. Pero, como dice la frase, hay veces en la vida en que toca pegar un puñetazo en la mesa y pasar página.

Sin tener experiencia en la vida de la cosa pública a nivel local, del Ayuntamiento de mi pueblo he escuchado comentarios de lo más sorprendentes. Una vez, un técnico municipal me daba a título personal y en relación a unas subastas, esta recomendación: “te doy un consejo: no te metas con el Ayuntamiento”. En otra ocasión, al cruzarme con un cargo político a la salida de su casa a primera hora de la mañana, antes de dirigirse a la Casa Consistorial, me comentaba: “ahí voy, a esa casa de locos”.

Imagino que los políticos, deseosos de dar gusto y buen servicio a sus votantes, se encuentran con las trabas delcomplejo y enrevesado funcionamiento del procedimiento administrativo y otras limitaciones, sucumbiendo al final al modus operandi de la Administración. El funcionariopúblico, seguro de su puesto y obediente a su nombramiento, sigue su marcha cumpliendo la normativa y el procedimiento.

El caso es que, por cosas destino, por dos ocasiones he sido colaborador en servicios municipales. La menos duradera cayó por su propio peso, pues no era yo el perfil adecuado para desempeñar esa labor, pero por una cuestión de urgente necesidad y hacer el favor, acepté el encargo de dar unas clases estivales de idiomas.

Aunque sea anecdótico, ahí va ya el primer trabucazo. El técnico responsable de mi contratación, pobre desgraciado aquel día, ante la falta del número mínimo de participantes para que la actividad fuese viable, tuvo el arrojo de plantearme una bajada de mi salario (10 €/hora de clase) proporcional al número faltante de participantes, supongo que ante temor de que la actividad no se autofinanciase con lo que pagaba cada alumno y su departamento incurriese en este “dispendio”. Al final, la actividad se hizo y sin quita –desde el luego, no hubiera aceptado semejante bajada de pantalones-, y aunque mejor olvidarse de esta lamentable anécdota, no puedo evitar recordarla cada vez que me cruzo por la calle con este taciturno –y tacaño- personaje.

La otra experiencia ha durado 3 años y, como decía, poniendo a servicio público lo mejor de mí. El Ayuntamiento tiene, como organismo autónomo en la localidad, una Fundación Deportiva Municipal con varios objetivos nobles que la justifican, como la promoción de la práctica del deporte, y otras cosas. Este organismo ofrece las populosas Escuelas Municipalesdonde yo propuse una de nueva creación en horario matutino en los pocos huecos que quedaban en los abarrotados (y a veces desatendidos)edificios municipales.

Agradecí y agradezco el espaldarazo inicial de los técnicos del “poli” que, a pesar de la rancia Gerencia, pusieron toda su disposición para que este profesor se organizara lo mejor posible y pudiese crear el ambiente propicio para su actividad. Pero llega un momento en que sientes que, por mucho que te esfuerces por mantener el mejor nivel de calidad (profesional, pedagógico, humano, higiénico,etc), el ente municipal no puede –ni quiere, pienso yo- estar a la altura de tu entrega y del valor añadido que quieres darle a tus clases.

La forma en que el Ayuntamiento se dota de los llamados monitores para atender estas Escuelas es a través de un contrato administrativo con la empresa que resulteadjudicataria del mismo, ganadora por tanto de una licitación pública. El Ayuntamiento ofrece una cantidad bruta por monitor y hora, y de ahí se tienen que costear las nóminas de los monitores, los seguros sociales, el IVA, el beneficio industrial y, seguramente, alguna que otra parte proporcional de otros costes. El contrato que expiraba este verano asignaba 10 y 17 €/h (IVA incluido) para socorristas y monitores respectivamente, lo que dejaba en nómina unos 6 €/hora para los pobres socorristas, y 9,17 €/hora para los infravalorados monitores.

Para poder seguir ofreciendo este servicio público, el Pliego de Licitación para el nuevo contrato, anunciado el 4 de agosto y corregido el 31 de agosto, asigna 14 €/hora para los socorristas –¡gracias que estos trabajadores mejorarán presumiblemente algo su situación retributiva!-, y 17,50 €/hora para los monitores, que difícilmente verán mejoradas sus condiciones actuales con 50 céntimos más de asignación.

De entre todo el clausulado de los pliegos, que encomienda a la empresa una larga lista de obligaciones, llama la atención este punto relativo a las Condiciones Laborales, que dice: “Estos monitores deportivos no mantendrán ninguna relación laboral con el Ayuntamiento”. Y ésta es la actitud municipal, pago poco sin importarme lo que le quede al trabajador, y además me lavo las manos de cualquier responsabilidad hacia él.

En fin, aunque todo es matizable y cada cual tiene sus razones, dicho queda lo más sustancial y lo que hace que uno se indigne y decida pasar página. De forma unipersonal, he intentado poner de mi parte para mejorar esta situación sin que nadie pudiese ayudarme, seguramente por cuestiones administrativas. Poco se puede hacer y, por tanto, terminoesta carta de opinión no sin antes soltar algún trabucazo más.

Mi más sincero rechazo a la actitud anestesiada y conformista del colectivo de monitores que, sin capacidad ni intención de agruparse para mejorar sus condicioneslaborales, no respondieron a una oferta personal de tomar la iniciativa para luchar por una “negociación colectiva”. Como decía uno en un gran consejo, “Quien no lucha por lo que quiere, se tiene que conformar con lo que le dan, que es siempre por el culo”.

Al público usuario de las Escuelas Municipales, le tengo que hacer saber que quien las subvenciona no es el Ayuntamiento sino el afanado monitor de turno. Las Escuelas cuestan poco porque el monitor gana poco, lo que no propicia en absoluto el empleo de calidad ni laprofesionalidad del trabajo.

Y al Ayuntamiento, especialmente a quien firma el nuevo anuncio de la licitación del Contrato, o a su responsable, le tengo que enviar amistosamente mi más firme reprobación en su actitud de “café para todos” y “bueno, bonito y barato”, que no hace más que traslucir mezquindad y tacañería. Tal vez ahora que el grupo de Gobierno se atreve hacer “Gestión Directa de la Gestión de Recogida de Basuras” en el municipio, supongo que en aras de no despilfarrar las arcas municipales, podrían plantearse contratar directamente al personal que necesitanpara dar servicio público y que éste pueda ver más justamente remunerado su esfuerzo y dedicación.

¡Oh, qué buen vasallo, si tuviera buen señor!