Si realizamos un somero repaso sobre acontecimientos acaecidos podemos resaltar, con facilidad,  que no se trata de sucesos imprevistos, es decir casuales, sino causales porque se recoge el fruto, confuso, de unas secretas alianzas, producto más del antagonismo que de la inexistente similitud ideológica.
Con este panorama, carente de acuerdos comunes iniciales, el desarrollo de las gestiones tiene que pasar por tres tamices distintos, desde su concepción a su desarrollo. Tamices teórica y prácticamente, encontrados Por ello para su mediano funcionamiento cada uno de ellos tiene que transigir en menor o mayor cuantía en un maridaje   anómalo de alcance imprevisto y hasta la fecha perjudicial para la ciudadanía.
Cuando alguien no hace públicas sus intenciones, y por tanto se ignora el fin que se persigue, difícilmente puede recibir colaboración o ayuda de terceros y se ve sujeto a sus propias limitaciones. Más todavía si ese alguien es ya de por si un grupo que no ha clarificado el sistema, método ni fin que se quiere alcanzar. 
Este modo de actuar produce fobias, internas, de protagonismo, producto de la falta de comunicación y en algunos casos de la patente enemistad de aquellos que tienen poder decisorio.
Cuando se tiene que decidir a “tres o cuatro bandas”, como es el caso del Ayuntamiento de Villena, se crean camarillas, es decir conjuntos de personas que influyen en las decisiones de los otros, bien sea por prebendas concedidas o por promesas de concesión.
Esto sucede con continuidad y los gregarios alzan la mano a favor o en contra siguiendo las instrucciones de quien ostenta el mando, aunque la decisión tomada sea contraria a su propio ideario.