El derecho a la igualdad es aquel derecho humano a ser reconocidos como iguales ante la ley y de disfrutar de todos los demás derechos otorgados de manera incondicional, es decir, sin discriminación por motivos de nacionalidad, etnia, creencias o cualquier otro motivo.

La igualdad de género, también conocida como igualdad de sexos, implica que los hombres y las mujeres deben recibir los mismos beneficios, recibir las mismas sentencias , ser tratados con el mismo respeto y que no exista ninguna violencia entre ambos sexos. Este concepto es clave en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en la que el objetivo final es otorgar a las personas igualdad legal, cultural y social, especialmente en las actividades democráticas y asegurar la igualdad de remuneración por el mismo trabajo.

El principio de igualdad y de no discriminación por razón de sexo es una obligación de derecho internacional general, que vincula a todas las naciones y, dado su carácter primordial, se establece siempre como un principio que debe inspirar el resto de los derechos fundamentales.

Pero la igualdad a día de hoy sigue siendo un espejismo. Falta mucho camino por recorrer. Y falta mucha autocrítica y solidaridad. Son muchos los que relacionan la búsqueda y defensa de este derecho universal con un radicalismo inexistente, con un feminismo exacerbado, con una lucha sacada de contexto y no, la igualdad no es tan sólo una reivindicación, la igualdad es y debe ser una necesidad.

A aquellos que ridiculizan la protesta y la tildan de innecesaria, les invito a hacer un ejercicio retrospectivo y de empatía. Es mucho por y para lo que se ha luchado. Y es largo el camino el que queda por recorrer. A ti, que bromeas sobre el tema, te insto a que pienses en tu abuela, en tu madre, en tu hermana o en tu hija; párate unos minutos, medita; y si crees que ella tiene los mismos derechos y posibilidades que tú, entonces, sólo entonces, critica mi lucha.

Da igual el color o la ideología. Da igual quien convoque el acto. Lo que es innegable es que este tipo de eventos son necesarios, pues en un país que tiende a mirar hacia otro lado, resignándose y aceptando su situación (por muy injusta que sea) es ineludible recordar que el trabajo aun no está terminado, que un día no es suficiente y que fueron muchas las que batallaron por conseguir los derechos de los que ahora gozamos. Por ello, por la memoria de las mujeres del pasado y por alcanzar un futuro mejor, la lucha continua.

Un evento necesario

Ayer Izquierda Unida, junto con Los Verdes, PSOE, Podemos, Ciudadanos, Empresarias.com y Colectivo Luna de Mujeres, se concentró en la Plaza de Santiago junto con un grupo (lamentablemente no muy amplio) de vecinas y vecinos de Villena. Ayer Rosalia Sanjuán Ayelo recordó, a través de un emotivo discurso, el porqué de la lucha de las mujeres.

El manifiesto incluía mensajes altos y claros: Porque queremos compartir los cuidados. Porque queremos una jubilación DIGNA. Porque queremos a igual trabajo, igual salario. Porque queremos romper el techo de cristal; QUEREMOS LA MITAD DE TODO. Porque nos siguen relegando al hogar. Porque queremos un deporte NO estereotipado. Porque los micromachismos perpetúan el PATRIARCADO. Porque cuando dicen NO es NO. Porque nos siguen asesinando: NOS QUEREMOS VIVAS.

“Estamos aquí para recordar que la celebración del Día Internacional de la Mujer fue impulsada por la política feminista y comunista Clara Zetkin, aunque el primer Día Internacional de la Mujer se celebró en varios países de Europa el 19 de marzo de 1911 con la participación de más de un millón de mujeres. En ese primer Día Internacional de la Mujer, que después sería adoptado por la ONU y pasaría a celebrarse el 8 de marzo, las mujeres demandaban: el derecho al voto, el derecho a ocupar cargos públicos, el derecho a la formación profesional o el derecho al trabajo y a la no discriminación”.

“Estamos aquí para recordar que En España, se consiguió el derecho al voto en 1931, gracias al arrojo de la diputada Clara Campoamor, pero como los derechos y libertades no se conquistan para siempre, la dictadura franquista truncó éste y otros muchos derechos, sobre todo de las mujeres a quienes nos incapacitó y equiparó legalmente a menores de edad. En los últimos coletazos de la dictadura gracias al tesón de mujeres como la jurista María Telo se consiguió que se reformara el Código Civil para devolver a la mujer casada la igualdad legal con su marido, en cuanto a la patria potestad, administración y disposición de bienes gananciales”.

“Estamos aquí para recordar que la Constitución de 1978 no tuvo sólo “padres” como nos han repetido hasta la saciedad, también tuvo “una madre”: una mujer de las 27 que formaron parte de las cortes constituyentes del 77 participó en su elaboración, unas cortes que estaban compuestas por 700 personas”.

Y sin embargo, la igualdad sigue siendo utopía

La eterna crisis económica se ha convertido en la excusa perfecta para tumbar y atacar muchos de nuestros derechos, especialmente los de las mujeres. Por eso no callaremos ni bajaremos los brazos al suelo. No mientras no pueda viajar sola o con una amiga por el riesgo a que me maten y que encima digan que no deberíamos haber viajado solas. No mientras se me siga acusando de histérica por defender lo que creo es justo. No mientras a las políticas se les juzgue por su vestimenta o se les puntúe por su apariencia. No mientras se me sexualice por el simple hecho de ser mujer. No mientras el 92% de la ciudadanía española siga creyendo que no hay una igualdad efectiva entre hombres y mujeres. No mientras la brecha salarial de género en España siga siendo la sexta más alta de la Unión Europea. No mientras la retribución media de las mujeres españolas siga siendo un 18% inferior a la de los hombres. No mientras mi físico siga influyendo a la hora de conseguir un puesto de trabajo. No mientras la publicidad siga cosificando a la mujer. No mientras tan sólo el 3% de las mujeres ocupe un puesto de dirección en cualquier empresa. No mientras sigan existiendo micromachismos. No mientras se me sigan atribuyendo las tareas domésticas por el simple hecho de haber nacido mujer. No mientras se me siga considerando el sexo débil. No mientras siga habiendo violencia machista. No mientras se sigan asesinando mujeres. No mientras tanto.

Y citando a la filósofa Amelia Valcárcel la encargada de leer el manifiesto concluyó recordando que “La igualdad entre los géneros llegará cuando las mujeres puedan cometer los mismos errores que los hombres y no se las insulte por ello”, añadiendo además que “la igualdad solo será real como el resto de los derechos humanos, cuando sea extensiva a todas las mujeres del mundo”.