Viernes, 18.00 horas. Faltan unas tres horas para el decisivo España-Albania clasificatorio para el Mundial de Rusia. Alicante tiene la posibilidad de presenciar por primera vez la clasificación de la selección nacional para un evento de tal magnitud.

Mi hijo anda nervioso. Está acabando una pancarta de apoyo a Gerard Piqué. No quiere que le silben. Solo entiende de fútbol, no de política. Es fan del FC Barcelona y eso le puede más que historias de banderas, referéndums o si eres independentista.

Quiere que España gane y que Piqué juegue y se deje la piel por unos colores que han vestido y visten catalanes, vascos, gallegos o manchegos. He de confesar que en caliente y una vez escuchado al central tras el esperpento de choque que enfrentó a su equipo ante Las Palmas, quizás me pudo la "catalanafobia", pero pienso que fue valiente al salir ante los medios para profundizar en su discurso.

No voy a entrar en si esa comparecencia fue orquestada por parte de una Federación Española de Fútbol que es la menos indicada para abanderar la claridad, sino que se lo pregunten a Villar y compañía.

Pero a lo que voy. Media hora andando hasta llegar al Rico Pérez, un estadio de Primera División donde, y por desgracia, juega un Hércules de Segunda B.

A casi tres horas para el arranque del partido, mi hijo quería ver de cerca a ídolos que los conoce por la televisión o en los cromos de La Liga. A pesar del calor, ahí estábamos, apretujados cual lata de sardinas. Sobre Las siete y cuarto llegaba el autocar. Los jugadores salieron e iniciaron su camino a los vestuarios.

En la calle, división de opiniones. Quizás más silbidos que aplausos. Pero fue entonces cuando uno, mientras veía la cara de ilusión de su hijo, empezó a escuchar despropósitos de otros padres que, al igual que yo, esperábamos a esos futbolistas que irían a por todas en el terreno de juego.

Fue cuando un chico, de unos 10 años, mandó callar a su padre por un calificativo que realizó sobre la figura de Piqué, esposa, hijos y demás familia. Le miré, no le reproché con palabras las lindeces que salieron por su boca. Con la mirada se lo dije todo, después de que su hijo le hiciera pasar el peor momento de su vida.

Ya dentro del estadio, tiempo para fotos. Fue cuando saltó España a calentar cuando uno ya imaginaba que no sería la mejor tarde para Piqué. Hablé con mi hijo y le dije que cada uno puede expresarse como quiera, a pesar de que muchos de ellos no dieron una lección de educación a los miles de niños, que al igual que el mío, sólo querían ver fútbol y a ídolos que cubren sus carpetas y las paredes de sus habitaciones.

Le dije a mi niño que, oyera lo que oyera, no reaccionara. Tiene 15 años y es bastante visceral. Y se portó. Cada vez que Piqué tocaba el balón, él y un servidor aplaudía. No lo hicimos por estar a favor de cualquier estigma ideológico. Lo hicimos porque cada futbolista que suda y lo da todo por esos colores se merece, y habló por mí, un reconocimiento.

Y jugó Piqué. Y uno que lleva casi media vida dedicada al periodismo deportivo, notó que no se encontraba cómodo sobre el tapiz del Rico Pérez. También es cierto que Albania, y sobre todo en la primera parte, no causó mayor problema para la zaga de "La roja".

Creo que Lopetegui hizo bien al sustituirlo. España ganaba 3-0 y ya tenía el pasaporte para Rusia en el bolsillo. Pitos y aplausos para un futbolista que cumplió, sobre todo en la cancha, ya que, reitero, fuera de ésta cada uno puede opinar lo que quiera.

La imagen del central catalán aplaudiendo a las casi 30.000 almas que se dieron cita en el estadio alicantino hizo que muchos de los que lo "pusieron a caldo", miraran hacia otro lado o, simplemente, acabaran dándose cuenta que estaban en un campo de fútbol y no en un colegio electoral o en una manifestación.

La mejor manifestación de ayer fue ver ganar a España, clasificarse para un Mundial y darte cuenta de que muchos padres deberían de realizar un cursillo de educación y, de esta manera, inculcar unos valores a sus hijos que muy probablemente acaben dándoles las gracias por haberlo hecho. O no.